Formación Integral


El colapso de Federer y la plenitud de Nadal

09.06.2008 19:39

 

  • Raúl Fain Binda
  • 9/06/2008, 02:08 PM

El colapso de Roger Federer es tan interesante, o más, que la plenitud de Rafael Nadal.

La superioridad del manacorí sobre el suizo en la final del abierto de Francia fue tan aplastante, que muchos aficionados, incluso españoles, no disfrutaron tanto como esperaban.

De la calidad de Nadal no cabe ninguna duda, pero sí del estado psicofísico de Federer: ya no es el campeón que todos admirábamos no hace mucho.

Aclaremos que no queremos restar mérito al formidable Nadal, el atleta más convincente de una riquísima generación de deportistas de su país.

Este fin de semana, sin ir más lejos, Fernando Alonso mostró sus condiciones empujando un coche mediocre en el Gran Premio de Canadá de F1 (debió abandonar por un trompo, cuando luchaba por el segundo puesto).

En motociclismo, Dani Pedrosa ganó el Gran Premio de Cataluña.

En baloncesto, el aporte de Pau Gasol ha llevado esta temporada a los Lakers de Los Angeles a disputar la final de la NBA, aunque la serie está favoreciendo 2-0 a los Celtics de Boston.

No cabe duda de que, sin Gasol, los Lakers no habrían llegado a esta instancia.

En la Eurocopa, España comienza el martes 10 su campaña, ante Rusia. Muchos (entre ellos Lalo) la han hecho su favorita, con jugadorazos como Casillas, Ramos, Cesc, Torres, Villa e Iniesta. Ha corrido mucha agua bajo los puentes desde la última vez que un equipo español tuvo tanto talento.

Estos y otros deportistas están marcando una época, y el mejor de todos, sin ninguna duda, es Rafael Nadal.

Pero del manacorí se ha hablado tanto que esta comprobación ya parece reiterativa.

De la decadencia de Federer, en cambio, no se habla mucho porque el suizo es tan bueno que muchos creen que sólo se trata de un mal momento.

Nadal parece un hombre indestructible, física y psíquicamente, pero Federer está flaqueando en uno de los puntos cruciales del deporte competitivo: la mente.

Cada atleta se conduce en este terreno de acuerdo a sus características personales.

En el caso de Nadal, cuando enfrenta la posibilidad de una derrota, su reacción es de indignación frente al adversario. Su lenguaje corporal, sus gestos, la expresión de su rostro, parecen decir "cómo se atreve este insolente".

Su reacción, casi siempre, es positiva: aumenta su concentración mental, su esfuerzo, su precisión.

Federer, en circunstancias similares, ha comenzado ahora a dar una impresión de desconcierto y parece reprocharse a sí mismo.

Su reacción, en estos casos, es negativa: pierde foco y comete muchos errores no forzados.

Al principio de su carrera como profesional, Federer tuvo una "bete noire", que le ganaba siempre: David Nalbandián. Después, en plenitud, fue Nadal.

Ahora son varios los tenistas de primera categoría que se creen capaces de superar en cualquier momento al número 1, porque éste ha perdido la aureola de invencibilidad que tenía hasta comienzos del año pasado.

Este Federer es asequible, si no "fácil", especialmente para un monstruo como Nadal.

Es por eso que el vencedor controló su festejo, dando la impresión de que había ganado un partido más, en vez de igualar el fantástico récord de Borg de cuatro Roland Garros consecutivos.

Es que también fue la final masculina más rápida. Para encontrar una definición de Grand Slam más bochornosa, debemos remontarnos a 1977, también en París, cuando el argentino Guillermo Vilas arrolló al estadounidense Brian Gottfried, 6-0, 6-3, 6-0.

Nadal-Federer fue 6-1, 6-3, 6-0, en 1 hora y 48 minutos. El suizo cometió 36 errores no forzados, contra 7 del español. Federer sólo había perdido sets "a cero" en dos ocasiones anteriores, ambas al comienzo de su carrera, 1999, ante Vincent Spadea y Wayne Black.

Esta derrota es vergonzosa para Federer. El trata de ocultarlo, rindiendo un justo homenaje a su Némesis, pero la procesión va por dentro.

Cuando dos campeones excepcionales coinciden en la misma época y uno de ellos "quiebra" moralmente al otro, éste tiende a desaparecer rápidamente del escenario.

Los grandes campeones no son jornaleros que vayan a los torneos a cobrar los premios. Quieren (además) el honor, el orgullo, la confirmación de su condición de deportistas únicos.

Cuando esta motivación desaparece, el campeón se va a su casa.

Tal como están las cosas, con un Nadal rampante y un Federer desalentado, el suizo también será vulnerable en Wimbledon.

Si pierde el Abierto Británico, Federer pensará seriamente en retirarse.

La gente que lo quiere bien, entre ellos el propio Nadal, le aconsejará que se quede, que luche y que vuelva.

Pero será difícil, muy difícil.

http://www.bbc.co.uk/blogs/spanish/2008/06/el_colapso_de_federer_y_la_ple.html

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