Formación Integral


Acaso Gastón

27.05.2008 09:30

Por: Javier Martínez

Gastón Gaudio besa el trofeo de campeón en 2004. (Foto: REUTERS)

Gastón Gaudio besa el trofeo de campeón en 2004. (Foto: REUTERS)

25 DE MAYO.- Acaso Gastón nunca existió. Acaso fue sólo un producto fugaz de la imaginación, la muestra en superocho de una hermosa película de arte y ensayo. Quizás aquel joven jubiloso ataviado con la remera de su amigo Martín Pose en el Conde de Godó era el protagonista efímero de una historia sin final.

Tal vez el hombre más grande de la tierra en el París de 2004 no era realmente él sino un impostor, pues al fin y al cabo bien sabemos que el verdadero Gastón, en caso de cobrar vida, siempre habría considerado el éxito un fraude, una traición a su bien cultivada estampa de genuino perdedor, a su inveterada lealtad a la tragedia y la derrota. Será que Gastón, Gaudio, nunca quiso existir, prefirió esconderse bajo el cómodo refugio de la decepción, eludir las responsabilidades contraídas de manera innata por haber nacido con un violín camuflado de raqueta. Vestía mejor la estampa frustrada y decadente, la pelea inútil contra el espejo idolatrado de sí mismo, el lamento público y caprichoso de sus desgracias.

Vuelve Coria, su víctima en aquella lastimera final de hace cuatro años, mientras él, el supuesto Gastón, planifica un silencioso adiós, deja caer la hoja roja después de una temporada con sólo dos presencias, con sólo dos crueles derrotas. Seguramente no son muchos quienes aún se acuerdan de esa ilusoria figura que tan sólo hace un curso desafiaba a Hewitt en París para perder de la manera en la que tanto le gustaba hacerlo, habiéndose sentido vencedor, consciente de que tal vez únicamente él era capaz de someterse a sí mismo, de alimentar ese alma necesitado de tormento, porque en el guión de este personaje onettiano rara vez cupo un desenlace feliz.

Quizás sólo algunos devotos absurdos rastreemos en busca de noticias suyas, del rastro de aquel revés irrepetible, de su danza armoniosa sobre el polvo de ladrillo. Vana búsqueda la de alguien que no quiso ser, tiempo que se esfuma como lo hace, en el absoluto anonimato, la silueta cabizbaja y cansina, la mirada huidiza, el cabello recogido, decaído el brazo, el hombre a quien esperábamos como invitado en París, aún crédulos de hacer realidad de la ficción, para rendirle el tributo que él mismo nunca creyó merecer.

javierhortiguela@yahoo.es

http://www.elmundo.es/elmundodeporte/blogs/sinred/index.html

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